El avance de la investigación por el femicidio de Camila Vecchiarello, ocurrido durante la madrugada del 13 de septiembre en San Juan, sacó a la luz la compleja trama de manipulación, engaños y control desplegada por su pareja y único imputado, Carlos Gonzalo Rivero. Actualmente detenido en prisión preventiva, el acusado afronta cargos por el homicidio agravado de la joven y la interrupción del embarazo que ella cursaba.
Entre los elementos incorporados al expediente, la fiscalía determinó que Rivero suplantó la identidad de la víctima para radicar una denuncia digital falsa por abuso sexual en la provincia de Salta, dirigida contra un allegado a la familia de apellido Díaz. La presentación judicial —que contenía inconsistencias sobre el lugar y momento del supuesto hecho— buscaba apartar a la víctima de sus seres queridos. Cuando desde los tribunales salteños solicitaron la comparecencia de la joven, la familia intentó contactarla, pero el acusado interceptó las comunicaciones aduciendo que ella había asistido a un centro de salud sin el teléfono y recomendó ignorar el trámite judicial. Esta maniobra derivará en una causa independiente por falsa denuncia.
Vecinos de la localidad de Barreal señalaron que el acusado solía inventar historias sobre su vida diaria de forma recurrente, un hábito de fabulación que los investigadores vinculan de forma directa con el posterior aislamiento afectivo de la joven. Las pericias tecnológicas sobre los dispositivos móviles revelaron, además, que tras consumar el ataque mortal con al menos dos armas blancas en la zona del cuello, Rivero utilizó el teléfono de la víctima para responder mensajes de sus familiares haciéndose pasar por ella, simulando que continuaba con vida mientras el cuerpo yacía en la vivienda.
Posteriormente al crimen, el imputado redactó un escrito con pedidos de disculpas y se contactó desde la escena con una expareja radicada en Salta para manifestarle intenciones sentimentales. Si bien en su declaración indagatoria el acusado intentó deslindar responsabilidades al alegar que la víctima actuó con violencia, que desconocía el embarazo y que las heridas mortales en el cuello fueron producto de una autolesión accidental durante una corrida por el pasillo, los peritajes forenses y las evidencias recolectadas por la Justicia sanjuanina descartaron de forma rotunda dicha hipótesis.












