Maximiliano Oscar Martínez, agente de la Policía Federal Argentina de 30 años, lleva seis días sin dar señales de vida desde que cruzó la frontera entre La Quiaca y Villazón, Bolivia, en bicicleta, con la intención de volver ese mismo día. Su teléfono permanece apagado, no hubo contacto ni con su esposa ni con su madre, y los rastrillajes conjuntos entre fuerzas de seguridad argentinas y bolivianas todavía no dieron resultados. El fiscal a cargo de la causa se refirió públicamente al caso y explicó cuál es, por el momento, la hipótesis con más peso dentro de la investigación.
Todo comenzó el martes 8 de septiembre, cuando Martínez desayunó junto a sus padres en La Quiaca. Su esposa, Natalia, había salido temprano a trabajar, así que él quedó solo antes de tomar su bicicleta y cruzar hacia Villazón para hacer unas compras, con la idea de volver enseguida y almorzar en su casa. Según relató su tía, Celinda, había dicho que iba a comprar algún producto alimenticio, como suelen hacer habitualmente los vecinos de la zona, y que para ser más rápido decidió ir en bicicleta.
La denuncia por su desaparición se presentó recién el jueves 10 de septiembre ante la Policía provincial, dos días después de la última vez que fue visto. A partir de ahí se activaron los protocolos de búsqueda y se conformó un operativo conjunto entre la Policía de Jujuy, el Escuadrón 21 La Quiaca de Gendarmería Nacional, la Policía Federal Argentina y autoridades bolivianas. En las últimas horas se halló un cuerpo durante un rastrillaje del lado boliviano, pero tras ser identificado se descartó que perteneciera a Martínez.
El cruce hacia Bolivia quedó registrado por cámaras de seguridad, que captaron el momento en que pasó por la zona del río, a la altura de la calle Jujuy. No utilizó el puente internacional habilitado, sino un paso que, según su tía, es de uso cotidiano entre los vecinos de ambos lados de la frontera, aunque no esté formalmente autorizado. El propio fiscal a cargo de la causa, Mendívil, graficó lo sencillo que resulta ese cruce comparándolo con cruzar de una vereda a otra por una senda peatonal en una avenida.
Desde que atravesó la frontera, Martínez no volvió a comunicarse con nadie de su entorno, ni con su familia ni con otros contactos, algo que los investigadores consideran uno de los datos más llamativos del caso. El fiscal remarcó que el agente mantenía un vínculo cercano y un contacto frecuente con su madre y su familia, y que justamente la ausencia de esa comunicación habitual es uno de los elementos que orienta la hipótesis de trabajo. Cuando sus allegados intentaron ubicarlo por teléfono, el aparato ya estaba apagado.
El perfil de Martínez suma otro factor de atención: se trata de una persona joven, sin enfermedades de base conocidas y con entrenamiento como integrante de una fuerza de seguridad, características que, según explicó el fiscal, diferencian este caso de otras búsquedas, ya que lo habitual en esas condiciones es que la persona logre comunicarse dentro de las primeras 24, 48 o 72 horas. Consultado sobre si existe un protocolo distinto por tratarse de un policía, aclaró que los procedimientos de búsqueda son los mismos para cualquier persona, más allá de que varíen las circunstancias particulares de cada caso.
Respecto de las hipótesis que se investigan, el fiscal se mostró reservado: reconoció que se trabaja en distintas líneas de manera simultánea, que algunas ganan más fuerza que otras, pero evitó dar precisiones por razones de confidencialidad. Remarcó que no se descarta ninguna posibilidad, incluida la de que Martínez se haya alejado por decisión propia, aunque tampoco hay certezas al respecto.
El operativo de búsqueda se intensificó el sábado 13 de septiembre, con un despliegue de unos 250 efectivos argentinos y bolivianos en los alrededores del Puente Internacional Horacio Guzmán. Durante la noche del viernes se realizaron allanamientos en 15 espacios públicos y domicilios particulares de Villazón, con intervención de la Fiscalía local y la Policía boliviana, sin resultados positivos. También se recorrieron hospitales, clínicas y alojamientos de ambas ciudades, por la posibilidad de que Martínez hubiera sufrido algún accidente, y se secuestraron grabadores de cámaras de seguridad para reconstruir su recorrido tras el cruce.
Ante la falta de novedades y la magnitud geográfica de la búsqueda, las autoridades solicitaron y lograron la activación de una alerta amarilla de Interpol, una medida que, según explicó el fiscal, responde puntualmente a la condición de Martínez como integrante de una fuerza de seguridad argentina. La colaboración con las autoridades bolivianas, agregó, ya dio resultados positivos en investigaciones anteriores.
La familia de Martínez recibe acompañamiento psicológico por parte del Ministerio Público. Según contó Celinda, sus padres están muy afectados emocionalmente y no se encuentran en condiciones de declarar públicamente, motivo por el cual ella tomó la palabra en su representación. Sobre el estado actual de la causa, remarcó que pese al trabajo conjunto entre las distintas fuerzas todavía no tienen novedades, y que la incertidumbre se hace cada vez más difícil de sobrellevar.
Martínez mide 1,67 metros, es de tez trigueña y tiene el cabello corto y negro. La última vez que fue visto vestía un pantalón deportivo negro y zapatillas grises marca Adidas. Quienes tengan información sobre su paradero pueden comunicarse al 911, a los teléfonos 388-6860239 y 388-6828607, o acercarse a la dependencia policial más cercana.












